Cómo acompañar a un familiar con problemas de salud mental

terapia problemas salud mental

Cuando alguien a quien queremos no está bien, nuestra primera reacción suele ser intentar ayudar.

Preguntamos qué ocurre, buscamos información, ofrecemos soluciones, insistimos para que hable o tratamos de hacerle ver las cosas de otra manera. Pero cuando detrás del sufrimiento existe un problema de salud mental, no siempre sabemos cómo actuar.

Una depresión, un problema de ansiedad, una adicción, una etapa especialmente difícil durante la adolescencia u otras dificultades psicológicas pueden afectar profundamente a quien las vive. Pero también tienen un impacto en las personas que están a su alrededor.

Porque ver sufrir a alguien que quieres y no saber cómo ayudar puede llegar a resultar muy difícil.

Cuando quieres ayudar, pero no sabes cómo hacerlo

A diferencia de otras situaciones de enfermedad o dependencia, muchas personas con dificultades psicológicas mantienen su autonomía y continúan estudiando, trabajando, relacionándose o tomando sus propias decisiones.

Sin embargo, su manera de sentirse o comportarse puede cambiar.

Un familiar puede empezar a aislarse, mostrarse irritable, dejar de hacer actividades que antes disfrutaba, reaccionar de forma inesperada o rechazar precisamente la ayuda de quienes están más cerca.

Y entonces empiezan las preguntas.

¿Debo insistir para que hable? ¿Es mejor darle espacio? ¿Tengo que animarle a salir o estoy presionando demasiado? ¿Hasta dónde debo respetar determinadas conductas? ¿Cuándo tengo que poner un límite? ¿Estoy ayudando o estoy empeorando la situación?

No tener respuestas genera una sensación de impotencia que puede convertirse en una importante fuente de desgaste emocional.

La incertidumbre también pesa

Cuando alguien tiene un problema de salud mental, su entorno intenta muchas veces comprender qué está ocurriendo.

Pero no siempre dispone de toda la información.

Puede desconocer exactamente qué le pasa a la otra persona, cómo funciona el problema, qué puede esperar de su evolución o cuál es la mejor manera de acompañarla.

Además, la necesaria confidencialidad de la atención psicológica puede hacer que familiares y personas cercanas tengan menos información de la que desearían sobre el proceso terapéutico.

Esto no significa que deban conocer todos los detalles de una terapia. Pero sí puede provocar que algunas personas se sientan fuera de la situación y tengan que convivir con muchas dudas.

En estos casos, disponer de orientación propia puede ayudar a comprender mejor lo que está ocurriendo y a encontrar una forma más saludable de acompañar.

Querer a alguien no evita sentir enfado

terapia cuidadores problemas salud mental

Hay algo de lo que se habla poco cuando una persona cercana atraviesa dificultades psicológicas: las emociones negativas que pueden aparecer en su entorno.

Puede existir miedo, tristeza o preocupación, pero también enfado, frustración, agotamiento e incomprensión.

Determinados comportamientos pueden afectar directamente a la convivencia y a las relaciones familiares. Puede resultar difícil comprender por qué alguien no reacciona, por qué vuelve a determinados comportamientos, por qué rechaza ayuda o por qué parece que nada de lo que hacemos sirve.

Y después del enfado puede aparecer la culpa.

Sé que no está bien, no debería enfadarme.

Pero entender que una persona está sufriendo no significa que todo lo que ocurre alrededor deje de afectarnos.

Se puede querer profundamente a alguien y, al mismo tiempo, sentirse cansado, frustrado o desbordado por la situación.

Reconocer esas emociones puede ser el primer paso para aprender a gestionarlas sin añadir todavía más culpa al proceso.

Acompañar no significa convertirse en terapeuta

Cuando un familiar sufre, es fácil asumir poco a poco la responsabilidad de intentar que esté mejor.

Buscamos constantemente qué decir, intentamos controlar determinadas situaciones o sentimos que debemos encontrar la solución adecuada.

Pero un familiar, una pareja o un amigo no puede asumir el papel de un profesional de la psicología.

Acompañar puede significar escuchar, mostrar disponibilidad, facilitar que la persona pida ayuda o estar presente durante momentos complicados. Pero también implica reconocer qué cosas no dependen de nosotros.

Aprender a diferenciar entre acompañar y responsabilizarse de la recuperación del otro puede reducir una carga que, con el tiempo, resulta muy difícil de sostener.

Saber qué hacer… y también qué no hacer

Una de las necesidades más habituales de los familiares es disponer de pautas.

No existen fórmulas universales porque cada persona, cada problema y cada familia son diferentes. Sin embargo, el acompañamiento psicológico puede ayudar a trabajar cuestiones muy concretas:

  • cómo comunicarse sin aumentar el conflicto;
  • cómo escuchar sin intentar resolver inmediatamente el problema;
  • cuándo ofrecer ayuda y cuándo respetar determinados espacios;
  • cómo establecer límites saludables;
  • cómo afrontar conductas que generan malestar en la familia;
  • cómo gestionar el miedo, el enfado o la frustración;
  • cómo proteger el propio bienestar emocional.

En determinadas situaciones también puede ser importante aprender a identificar cuándo el problema supera las posibilidades de apoyo del entorno y requiere intervención profesional.

El familiar también puede necesitar su propio espacio

No es necesario ser el paciente para necesitar ayuda.

La persona que acompaña también puede beneficiarse de disponer de un espacio en el que hablar de lo que está viviendo, comprender mejor sus propias reacciones y adquirir herramientas para afrontar la situación.

Y ese espacio no tiene que depender necesariamente de que la otra persona esté realizando una terapia.

En Orly Psicología trabajamos desde una perspectiva cercana, individualizada y basada en intervenciones con respaldo científico. El objetivo no es enseñar a los familiares a controlar a la persona que está sufriendo, sino ayudarles a comprender la situación, gestionar sus propias emociones y encontrar una forma de acompañar que también sea sostenible para ellos.

Acompañar sin olvidarte de ti

Cuando queremos a alguien, es natural que su sufrimiento nos afecte.

Pero acompañar no significa tener todas las respuestas, saber siempre qué hacer o renunciar a nuestras propias necesidades.

En ocasiones, aprender a cuidar la relación y nuestro propio bienestar permite precisamente estar al lado de la otra persona de una manera más serena y útil.

Si estás acompañando a un familiar, una pareja o una persona cercana con dificultades de salud mental y sientes que la situación empieza a desbordarte, también puedes pedir ayuda.

Para solicitar una cita con Orly Psicología, puedes llamarnos al 911 044 025, escribirnos por WhatsApp o contactar con nosotros a través del formulario de contacto.

WhatsApp